lunes, abril 02, 2007
jueves, enero 18, 2007
Hoy, me rindo
Hoy no puedo más y me rindo. No daba más que palos a las nubes. Respiraba aire ajeno y me mantenía a flote con maderos caducos.
Hoy no puedo más. Lo mejor no me consuela. Las sábanas blancas me raspan y me envuelven en la soledad fría de la mañana ahogándome entre corrientes saladas.
La ausencia se vuelve negra, y el vacío absorbe mi cuerpo hacia la nada. Un espejismo. Sólo respiro si me sujeto, si me sujetan, si me olvido. No sé andar sola.
Hoy no puedo más y me rindo. Sólo hoy.
Hoy no puedo más. Lo mejor no me consuela. Las sábanas blancas me raspan y me envuelven en la soledad fría de la mañana ahogándome entre corrientes saladas.
La ausencia se vuelve negra, y el vacío absorbe mi cuerpo hacia la nada. Un espejismo. Sólo respiro si me sujeto, si me sujetan, si me olvido. No sé andar sola.
Hoy no puedo más y me rindo. Sólo hoy.
miércoles, diciembre 13, 2006
Frío
Hace frío... Miro al cielo, fantasmas pasados amenazantes colgados en una línea blanquecina con pinzas de mitades infinitas. Me asusto. Miro al suelo, hielo. Trazo, esbozo, punteo de camino de sensaciones. Pisadas. Pasos. Pasos y pisadas, rodillazos...
El frío me engulle, me aprisiona, me envenena paralizándome. Mi enemigo. Necesito abrigo, piel que me abraza segura perdiéndose en mi delirio para acabar encontrando...
El frío me engulle, me aprisiona, me envenena paralizándome. Mi enemigo. Necesito abrigo, piel que me abraza segura perdiéndose en mi delirio para acabar encontrando...
jueves, noviembre 23, 2006
;)
Días que nadaban en niebla. Tormentas con truenos que sonaban a lamentaciones. Resignación. La meta era aprender a vivir así. El único objetivo, sobrevivir. La desilusión, la desesperación, las preguntas sin respuestas me encerraron en ese desierto obligado de sensaciones vacías, perdidas. Me convencí de que para acostumbrarme a vivir en la oscuridad, sólo necesitaba abrir más los ojos para no tropezar con cristales, respirar, y guardar las lágrimas para las noches. Lo asumí hasta que un día tropecé con una música en movimiento que me sacó una mirada invisible. Otro día me estampé contra una almohada de plumas con letra, que se colaban entre mi ropa para arrancarme sonrisas de donde no había nada. La soledad se esfumó, cobarde, como un perro vencido por un gruñido que huye con el rabo entre las piernas.
Me volví aprendiz, de nuevo, y empecé a empaparme de sensaciones desconocidas, totalmente nuevas, desde cero y sin darme cuenta...
Nunca he creído en la suerte, ni en el destino, ni en la casualidad. Pero sin duda me siento tremendamente afortunada por las casualidades que te escribieron en mi vida.
Este año no compraré lotería.
Me volví aprendiz, de nuevo, y empecé a empaparme de sensaciones desconocidas, totalmente nuevas, desde cero y sin darme cuenta...
Nunca he creído en la suerte, ni en el destino, ni en la casualidad. Pero sin duda me siento tremendamente afortunada por las casualidades que te escribieron en mi vida.
Este año no compraré lotería.
miércoles, noviembre 08, 2006
Llámame desastre...
Maldita cabeza... ¿cómo es posible cambiar la percepción de algo de forma tan... inesperada, exasperante, sorprendente, desconcertante... a medida que te vas acercando? A cada paso más dudas... Como si fuera un espejismo, lo has visto y ya no está. ¿Es inseguridad? Seguramente. ¿Es ser especialista en despistes? Posiblemente también...
Mi hermana me ha despertado a las siete de la mañana para decirme que querían ofrecerme un trabajo, que fuese a hablar con ellos. O eso me ha parecido a mí... He vuelto a dormirme y me he despertado un par de horas después, convencida de que aquello realmente había ocurrido. Me he preparado y me he ido para allá. A medida que me acercaba, todo se iba volviendo borroso, y mis dudas aumentaban a la par que mi ansiedad... ¿Qué pintas tú en una farmacia? ¿Por qué van a ir a casa a buscarte? ¿Estabas dormida? ¿Estabas soñando? (no sería la primera vez...)
Total... he pasado la farmacia de largo y me he metido en un bar a “pensar” mientras me tomaba un café. He intentado localizar a mi hermana, a mi madre... pero nada. Así que finalmente he cogido el toro por los cuernos y me he decidido a estrechar ese sentido mío del ridículo tan desmesuradamente grande que me caracteriza, he pagado mi café y he salido con valentía menguante hacia el objetivo... La dueña no estaba. He dejado número de teléfono y nombre, y he contestado con un “sí, claaaaaro” a la pregunta de si la jefa ya sabía de qué se trataba... (esperemos que así sea)
Ahora a la espera y con la incertidumbre metida en el cuerpo...
Mi hermana me ha despertado a las siete de la mañana para decirme que querían ofrecerme un trabajo, que fuese a hablar con ellos. O eso me ha parecido a mí... He vuelto a dormirme y me he despertado un par de horas después, convencida de que aquello realmente había ocurrido. Me he preparado y me he ido para allá. A medida que me acercaba, todo se iba volviendo borroso, y mis dudas aumentaban a la par que mi ansiedad... ¿Qué pintas tú en una farmacia? ¿Por qué van a ir a casa a buscarte? ¿Estabas dormida? ¿Estabas soñando? (no sería la primera vez...)
Total... he pasado la farmacia de largo y me he metido en un bar a “pensar” mientras me tomaba un café. He intentado localizar a mi hermana, a mi madre... pero nada. Así que finalmente he cogido el toro por los cuernos y me he decidido a estrechar ese sentido mío del ridículo tan desmesuradamente grande que me caracteriza, he pagado mi café y he salido con valentía menguante hacia el objetivo... La dueña no estaba. He dejado número de teléfono y nombre, y he contestado con un “sí, claaaaaro” a la pregunta de si la jefa ya sabía de qué se trataba... (esperemos que así sea)
Ahora a la espera y con la incertidumbre metida en el cuerpo...
martes, noviembre 07, 2006
En el tren...
Desde la ventana de un tren, la vista juega a descomponerse. Los colores bailotean transformándose velozmente en líneas indefinidas de verdes, pardos, azules y grises. Líneas que suben, bajan y vuelven a subir. Líneas que corren estrechándose y ensanchándose, siguiendo una ley absoluta no escrita. Líneas que te gritan que las traspases para poder mirarlas con profundidad, desde el otro lado, y así lograr sumergirlas, de nuevo, dentro del mismo conjunto inicial, englobadas en un todo entero pero con identidad individual, independiente de espacio y tiempo, y a la vez común.
martes, octubre 17, 2006
Parcelas
Un conjunto de parcelas de mayor o menor tamaño, separadas por estructuras y formas desiguales, que vamos construyendo sin la mayor dificultad... Eso es la vida. Al nacer, el conjunto es una unidad, no hay divisiones, ni existen límites, ni pausas, ni dudas. Es un terreno totalmente salvaje, libre. Un terreno que aún nadie se ha atrevido a pisar. Tras ese instante, empiezan los problemas. El entorno, la familia, los pueblos, padres, ideas... todos, se empeñan en cuadricularte la existencia. En lugar de puntos de apoyo y largas palancas con las que mover el mundo, en lugar de herramientas y métodos, te asfixian en toneladas de materiales podridos, de basura, miedos y obligaciones absurdas con los que construir muros torcidos. Hierro, cemento, arena, palos, grava, barro, agua, cucharas, latas, clavos oxidados. Muros lo suficientemente altos para no dejarte ver lo que hay detrás, y lo suficientemente inestables y peligrosos como para dificultar al máximo el paso, y enlentecer tu camino hasta velocidades tan ridículas que son incluso imperceptibles en la escala temporal de la aguja de un reloj estropeado. Hasta que te pica el insecto del autoconocimiento, de la rebeldía. Unas veces mosca, otras avispa o abejorro, según el caso... Y entonces, quieres conocer las demás parcelas, quieres empezar a lanzar fuera toda la mierda, antes de que empiece a oler mal... Necesitas vaciar para poder llenarte. Para que el sol alumbre el rincón más oscuro, donde te escondes cuando estás perdido. Para poder andar, mirar atrás y no romperte la cabeza en el siguiente paso. Para romper los grilletes que alguien ha confundido con flotadores y te los ha ido echando encima día tras día...
Me encontré un mosquito en el suelo y casi ni me enteré de que me había picado... Pero ahora no puedo dejar de rascarme.
Me encontré un mosquito en el suelo y casi ni me enteré de que me había picado... Pero ahora no puedo dejar de rascarme.

